viernes 18 de septiembre de 2009

INTERPRETACIONES

A los políticos de nuestro país les encanta gobernar con encuestas. Los congresistas ahora defienden el extraño trámite del referendo por el resultado de los últimos estudios; justifican el poco trabajo que han realizado con la iniciativa popular refrendada por los porcentajes actuales; aceptan el error de haberse lanzado a participar en la contienda cuando escuchan las cifras de respaldo a la labor del Señor Presidente.

Ya es claro que no importa lo que pueden llegar a pensar sus seguidores, o votantes o los que montaron a los buses para asegurar la plaza que hoy les mantiene el anhelado sueldo. De repente defienden las banderas de la mayoría que se refleja en las encuestas, pasando por encima del Partido que les dio el aval o de las opiniones que hace menos de un año promulgaban en contra de lo que hoy tanto defienden. Esa es la magia de la reforma que lograron, personalizar un poco más nuestra política caudillista.

Pero vamos al fondo del asunto. Las encuestas y las mayorías que representan. Nadie necesita más de dos dedos de frente para entender que el clamor popular es en gran parte la contraposición a nuestro adorable vecino, a la lucha contra la insurgencia que equivocadamente consideramos acabada y al respeto de la soberanía del país; porque la verdad no es mucho lo que puede defenderse de salud, educación o vivienda en este segundo gobierno.

Ese sentimiento se refleja en Uribe por ser el referente cercano más importante, pero podría representarse también en el 90% de los candidatos. Pardo, Vargas Lleras, Fajardo, Mockus, Petro, Galat. Pero para nuestros grandes Congresistas acostumbrados a las sombras del árbol más grande que les evita la fatiga, es mejor acomodarse y seguir dormitando en el salón elíptico.

Las encuestas muestran tendencias y las tendencias hablan de respaldo a la gestión del Presidente pero eso no garantiza, ni mucho menos, los 7 y tantos millones de votos que necesita el referendo para ser válido. Además hasta ahora es claro que los votos de Uribe no son endosables en parlamentarios, porque a pesar de las grandes votaciones logradas por los partidos uribistas, no hay que olvidar las figuras de opinión que los lograron y que hoy están a varios metros de distancia de los partidos que alguna vez los acogieron.

Pero a la larga esto no importa porque la reelección es más importante para los congresistas uribistas que para el mismo Uribe, y también para muchos de la oposición, o acaso ¿es posible imaginarse a Piedad sin Uribe?