lunes, 19 de octubre de 2009

EL PAÍS DE LAS EXCUSAS

Colombia es el país de las excusas. Por eso pasa todo lo que parece inimaginable. Tenemos una Fiscalía sin Fiscal, una Contraloría sin control y un Congreso que no respeta ni partidos ni ideologías. La oposición se acerca a las letanías de los vecinos, el gobierno a la monarquía, los bancos al depósito de Tío Rico, los Ministros a ninguna parte, la Corte Suprema a la oposición, la Constitucional al encierro. Y para todo hay excusas, para terminar siempre culpando a cualquier otro.

Parece que ninguno de los grandes padres de la Patria entendiera que el país necesita un poco de luz para seguir caminando. Al menos una indicación de lo que podría hacerse por un país que parece funcionar por inercia. Pero acá los culpables son las víctimas, los inocentes los que llevan del bulto y los implicados los que gozan de las mieles de la tranquilidad. Y para eso también hay excusas que siempre nos hemos creído, y que seguimos creyendo.

Lo más grave es que después se preguntan el por qué de las pandillas en los barrios, de la violencia en las ciudades, de la falta de emprendimiento. Todos criticamos la cultura de la plata fácil cuando en las novelas y en el Capitolio hay una incesante validación de los fines sobre los medios, cuando las nóminas paralelas pasan por encima de los funcionarios que llevan años tratando de escalar un puesto, cuando las personas que deben dar fe pública de lo que hacemos los colombianos tienen untada la nuca de regalitos y favores. Pero las excusas vuelven y nos mantienen enredados. Y al final también los mantienen.

Hay excusas para decir por qué a los columnistas no los leen, para explicar que la plata de las transferencias nunca se haya convertido en una escuela, para que los impuestos terminen pagando escoltas de los señores que se llevan la tajada. Y las seguimos creyendo, porque no hay nadie que las desenmascare.

De repente el día en el que los Padres de la Patria asuman las cosas que hacen y que dejan de hacer, el país deje de hablar de la guerrilla y de los paramilitares como causantes de todos nuestros males. Mientras tanto nos tocará quedarnos con las excusas, para seguir diciendo a nuestros hijos que ellos van a ser diferentes, que serán ellos los que tendrán que cambiar este país.

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