Si como escribí la semana pasada Uribe es un mito, hay que decir que no es el único que tiene nuestro país, y mucho menos el más peligroso que tiene que enfrentar nuestra democracia. Si bien es cierto que el poder concentrado en una persona magnifica los riesgos cuando supera la barrera de las creencias, las historias que se toman como verdades son mucho más peligrosas cuando éstas se asumen como formas de ver el mundo.
Podríamos empezar con el mito de la izquierda en nuestro país. Nuestra cercanía histórica con los Estados Unidos y las guerrillas colombianas han llevado a la satanización de cualquier forma de izquierda en nuestro espectro político. Hoy hablamos de lo que ha logrado el Polo, pero la historia de la izquierda política en nuestro país tiene más de 80 años de historia con el Partido Comunista y nunca se ha tenido en cuenta.
Si bien es cierto que el mundo ha cambiado y que mientras para nuestros padres y abuelos la izquierda es una abominación, para los hijos y nietos parece ahora un poco más amable y realizable. Ya la izquierda ha logrado cargos de poder, mostrando que es posible llegar a mirar desde el otro lado del mundo. Sin embargo la errónea facilidad con la que los principios se mezclan con las burocracias y las intransigencias, además de las cercanías con los radicalismos que nos rodean, hacen que sea posible que se pierdan los avances logrados por culpa de unos pocos.
Por allí es donde se refrenda el mito. ¿Cuántas veces suena en la calles que Lucho y Moreno cuando llegaron al poder se olvidaron de la izquierda? En este país se sigue considerando que la izquierda es incapaz por sí misma; y la izquierda se ha encargado de alejar a sus representantes en el poder del seno del Partido. Sobre todo con el discurso de que se pueden acercar pero el Partido nunca va a cambiar.
Esa es la magia y el peligro de los mitos. Es tan difícil crearlos, pero tan difícil olvidarlos o cambiarlos, que todas las acciones que se hacen siempre terminan recordando lo mismo. Además con la complejidad que se presenta cuando el mito se crea por el sujeto en sí mismo. O ¿acaso no es cierto que la izquierda a buscado pretender que es lejana a la política tradicional cuando las jerarquías y las burocracias internas son peores que las del Partido Conservador?
Podríamos empezar con el mito de la izquierda en nuestro país. Nuestra cercanía histórica con los Estados Unidos y las guerrillas colombianas han llevado a la satanización de cualquier forma de izquierda en nuestro espectro político. Hoy hablamos de lo que ha logrado el Polo, pero la historia de la izquierda política en nuestro país tiene más de 80 años de historia con el Partido Comunista y nunca se ha tenido en cuenta.
Si bien es cierto que el mundo ha cambiado y que mientras para nuestros padres y abuelos la izquierda es una abominación, para los hijos y nietos parece ahora un poco más amable y realizable. Ya la izquierda ha logrado cargos de poder, mostrando que es posible llegar a mirar desde el otro lado del mundo. Sin embargo la errónea facilidad con la que los principios se mezclan con las burocracias y las intransigencias, además de las cercanías con los radicalismos que nos rodean, hacen que sea posible que se pierdan los avances logrados por culpa de unos pocos.
Por allí es donde se refrenda el mito. ¿Cuántas veces suena en la calles que Lucho y Moreno cuando llegaron al poder se olvidaron de la izquierda? En este país se sigue considerando que la izquierda es incapaz por sí misma; y la izquierda se ha encargado de alejar a sus representantes en el poder del seno del Partido. Sobre todo con el discurso de que se pueden acercar pero el Partido nunca va a cambiar.
Esa es la magia y el peligro de los mitos. Es tan difícil crearlos, pero tan difícil olvidarlos o cambiarlos, que todas las acciones que se hacen siempre terminan recordando lo mismo. Además con la complejidad que se presenta cuando el mito se crea por el sujeto en sí mismo. O ¿acaso no es cierto que la izquierda a buscado pretender que es lejana a la política tradicional cuando las jerarquías y las burocracias internas son peores que las del Partido Conservador?
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