martes 17 de noviembre de 2009

CONFESIÓN

De repente es cierto. José Obdulio siempre ha tenido la razón y Álvaro Uribe Vélez es una mente superior. Lo que nunca nos dijo es que sólo él y Andrés Felipe podrían llegar a entenderlo, quizá porque también son superiores o porque Uribe tiene una forma de pensamiento lo suficientemente complicada para que sólo sean ellos sus intérpretes.

Esa es la única opción que se me ocurre para entender lo que ha sucedido con AIS, con el DAS, con el retraso en infraestructura del país, con los grupos emergentes, con el extravío de la méritocracia, con Tomás y Jerónimo y con uno que otro problemita adicional que siempre puede salir cuando alguien se sienta aburrido. Sólo Uribe entiende los por qué, sólo ellos pueden defender toda y cada una de las actuaciones de los presidentes.

El problema radica en qué se estará pensando en la Casa de Nariño, si a la larga este segundo Gobierno ha sido mucho más cercano a la mediocridad histórica, lejos de los aplausos generalizados que dominaron las elecciones pasadas. Parecería que la duda existencial se presentó hace 4 años, pensando en dejar pasar el periodo 2006 – 2010 como tránsito, para hacer en el 2010 – 2014 el mejor gobierno de la historia. Me queda la duda, porque es claro que por lo menos en éste no se hizo nada.

Pero es aún más grave lo que puede llegar a suceder si llegamos al periodo que sigue. Es muy, muy posible que se repita un atrincheramiento como el de Samper en la Presidencia, defendiendo la hora de levantarse, de acostarse y de no viajar a Estados Unidos; con la diferencia de que este parlamento sería defensor, no acusador como el de entonces. Aunque al final tampoco harían nada.

Al final, lo único que puedo decir es que no entiendo nada. De repente porque no estoy al nivel mental de nuestros próceres modernos o porque aún no estoy en la rosca. Sin embargo me preocupa lo que pueda pasar con un país como el nuestro, en el que la gente no encuentra líderes mejores que Uribe, en el que no importan los escándalos, en el que los problemas crecen mientras nos dedicamos a pensar en el reinado de la próxima semana.

Quizá la historia termine dándole la razón a Jose Obdulio. Pero yo confieso que al menos ese no será el libro que les enseñaré a mis hijos.