De repente parece que la contienda electoral ha acercado a muchos políticos en medio de un ambiente enrarecido por la poca institucionalidad del país, de los partidos y de las campañas. Los resultados del domingo pasado terminaron abriendo puertas a las coaliciones y a los proyectos comunes. Parece que al final el sectarismo termino vapuleado por la moderación, que empezaremos a ver coqueteos desde todas las agrupaciones políticas para ganar votos, que el juego apenas comienza. Digamos que eso suena bonito. Que la esperanza de ver una opción diferente a la que hemos tenido los últimos años se puede materializar, que el país al menos tendría la opción de elegir entre idearios, no sólo personas.
Pero siendo sinceros, para eso estamos lejos. Ahora que terminaron las consultas del Polo y del Partido Liberal, que la democracia está en la boca de los partidos y que los candidatos han mencionado la posibilidad de hallar alianzas, todo parece posible. Sin embargo el asunto empezará a asentarse, como ya empezó en las toldas amarillas, y las alianzas empezarán a buscarse entre aquellos que estén más cerquita. Y en este país predominan las distancias.
Suenan los llamados tenores, Petro, Pardo y Fajardo en ese espacio en el que las cercanías podrían pensarse más fuertes. Pero habría que incluir a Vargas Lleras, a los Uribistas no reeleccionistas, a los Uribistas que seguro saldrán porque no les ofrecerán puestos. Son un montón de gente, todos con una característica fundamental: defenderán las coaliciones siempre y cuando sean ellos y sólo ellos los que defiendan las banderas de la coalición.
Está bien. De repente no se puede incluir a todos en la misma colada. Los tenores quieren hacerse notar, entonces no les importa ir a la cabeza; los Uribistas no reeleccionistas y los que no tendrán puestos, terminarán cediendo en pos de uno que otro titular de prensa que les permita pedir nuevos puestos; Vargas Lleras estará sólo porque nadie se lo va a aguantar; Fajardo lleva 2 años y no va a dejar su trabajo en este momento.
Volvemos a los mismos, Pardo y Petro. Dos partidos que quieren fortalecerse y que encontraron a los caballitos de batalla que las mayorías que no existieron terminaron por elegir, y que no van a dejar sus colores por ninguna razón. Las distancias aparecerán, las coaliciones se romperán y seguiremos en las mismas. Las consultas sirvieron para lo que necesitábamos: para saber que sólo en la primera vuelta veremos si hay algo que se pueda hacer.
Pero siendo sinceros, para eso estamos lejos. Ahora que terminaron las consultas del Polo y del Partido Liberal, que la democracia está en la boca de los partidos y que los candidatos han mencionado la posibilidad de hallar alianzas, todo parece posible. Sin embargo el asunto empezará a asentarse, como ya empezó en las toldas amarillas, y las alianzas empezarán a buscarse entre aquellos que estén más cerquita. Y en este país predominan las distancias.
Suenan los llamados tenores, Petro, Pardo y Fajardo en ese espacio en el que las cercanías podrían pensarse más fuertes. Pero habría que incluir a Vargas Lleras, a los Uribistas no reeleccionistas, a los Uribistas que seguro saldrán porque no les ofrecerán puestos. Son un montón de gente, todos con una característica fundamental: defenderán las coaliciones siempre y cuando sean ellos y sólo ellos los que defiendan las banderas de la coalición.
Está bien. De repente no se puede incluir a todos en la misma colada. Los tenores quieren hacerse notar, entonces no les importa ir a la cabeza; los Uribistas no reeleccionistas y los que no tendrán puestos, terminarán cediendo en pos de uno que otro titular de prensa que les permita pedir nuevos puestos; Vargas Lleras estará sólo porque nadie se lo va a aguantar; Fajardo lleva 2 años y no va a dejar su trabajo en este momento.
Volvemos a los mismos, Pardo y Petro. Dos partidos que quieren fortalecerse y que encontraron a los caballitos de batalla que las mayorías que no existieron terminaron por elegir, y que no van a dejar sus colores por ninguna razón. Las distancias aparecerán, las coaliciones se romperán y seguiremos en las mismas. Las consultas sirvieron para lo que necesitábamos: para saber que sólo en la primera vuelta veremos si hay algo que se pueda hacer.
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