En medio de este desastre institucional que se presenta en las altas esferas de nuestro gobierno, es claro que los problemas que vemos a diario en los diarios son apenas un pedazo de lo que realmente se cocina en nuestra política. No es que la política no exista, o que estemos pasando por encima de la constitución. Ni siquiera que hayamos cambiado las instituciones por las carnitas y los huesitos del Señor Presidente. El problema es esperar que este país sea un día diferente y de repente, algo mejor para nuestros hijos.
Suena triste, pero es cierto. El país es el mismo que siempre, es el país del ocho mil, de las guerrillas, de los pájaros. De la corrupción fuera de sus límites, del centralismo excluyente. Cambiamos nosotros tratando de hacer un país mejor, para terminar encontrándonos con los mismos, que siguen haciendo lo mismo.
Entonces el problema no es de Uribe, no es de Arias, no fue de Samper. Apenas fueron y son los figurines de una casta que se ha encargado de prolongar eso que 44 millones de colombianos rechaza. Eso es lo que ha pasado con Agro Ingreso Seguro, es lo que se descubrió dentro del DAS, es la historia de las guerrillas. Son la casta que defiende el statu quo, lejos de ideologías o de partidos.
A la larga el problema es que nuestra democracia es de élites, pero no de élites preparadas o técnicas. Las élites acá se definen por billetes, por fincas o por caballos. Son gamonalistas y absolutamente excluyentes. Esos son lo que no dejan que el país ande, los que tienen que mantener la situación como está para no dejar nunca de estar donde están.
Entonces de nada sirven las esperanzas de un estudiante que quiere cambiar el país, ni las que tengo para que mi hijo viva en un país mejor. O de repente funcionan para mantener el nacionalismo simplón que defendemos porque no encontramos nada mejor para defender. Para nada más.
De repente un día nos damos cuenta que la democracia que tanto decimos defender es la que al final nos tiene donde nos tiene. De repente ese día no sea muy tarde para todos los que votan a cambio de pañales, leche o tamales. De repente un día dejemos las formalidades para entrar en el fondo de las cosas.
Suena triste, pero es cierto. El país es el mismo que siempre, es el país del ocho mil, de las guerrillas, de los pájaros. De la corrupción fuera de sus límites, del centralismo excluyente. Cambiamos nosotros tratando de hacer un país mejor, para terminar encontrándonos con los mismos, que siguen haciendo lo mismo.
Entonces el problema no es de Uribe, no es de Arias, no fue de Samper. Apenas fueron y son los figurines de una casta que se ha encargado de prolongar eso que 44 millones de colombianos rechaza. Eso es lo que ha pasado con Agro Ingreso Seguro, es lo que se descubrió dentro del DAS, es la historia de las guerrillas. Son la casta que defiende el statu quo, lejos de ideologías o de partidos.
A la larga el problema es que nuestra democracia es de élites, pero no de élites preparadas o técnicas. Las élites acá se definen por billetes, por fincas o por caballos. Son gamonalistas y absolutamente excluyentes. Esos son lo que no dejan que el país ande, los que tienen que mantener la situación como está para no dejar nunca de estar donde están.
Entonces de nada sirven las esperanzas de un estudiante que quiere cambiar el país, ni las que tengo para que mi hijo viva en un país mejor. O de repente funcionan para mantener el nacionalismo simplón que defendemos porque no encontramos nada mejor para defender. Para nada más.
De repente un día nos damos cuenta que la democracia que tanto decimos defender es la que al final nos tiene donde nos tiene. De repente ese día no sea muy tarde para todos los que votan a cambio de pañales, leche o tamales. De repente un día dejemos las formalidades para entrar en el fondo de las cosas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario