Hay cosas que en verdad son difíciles de entender en nuestro país. Duramos varias décadas tratando de organizar una izquierda razonable que se opusiera ideológicamente al tradicionalismo del país, que dejara atrás el romanticismo de los 60’s y 70’s para volverse práctica, para que aunara los muchos colombianos que nunca se han sentido representados en un país que no siempre ha tenido las puertas abiertas a posiciones diferentes. Y en medio de todo lo logramos, porque a pesar de las dificultades y la poca coherencia del Polo Democrático se ha logrado cubrir ese espacio que considerábamos “maligno” en nuestro país.
Pero de repente parece que la lucha que muchos defendieron, incluso con sus vidas, en pos de crear una izquierda civilista, empieza a esfumarse en medio de la situación política del continente. El Presidente del partido sale a decir que tienen cercanías ideológicas con el Presidente vecino, que ha demostrado una profunda facilidad por adaptar las políticas comunistas del siglo pasado a un discurso mezclado con un Bolívar que sólo entiende él. El problema es que nunca nos ha dicho cuales, ¡vaya casualidad!
Podrían ser las nacionalizaciones, o el cerramiento de medios opositores, o la economía planificada que empieza a definirse. Podría ser cualquiera de esas políticas que van en contra de toda nuestra vida republicana. A la larga cualquiera en contra de la mitad de la izquierda civilista que siempre buscamos. Pero no sabemos cuales, y la duda genera desconfianza.
Y aún más, la presencia de las sedes del Movimiento Bolivariano en la frontera, bajo el auspicio de integrantes del Polo, deja un manto de duda aún mayor. Nadie las puede prohibir, es cierto, pero tampoco son convenientes para una región en medio de un conflicto político en el que las posiciones ideológicas terminan enfrentándose y generando conflictos.
Lo que están logrando es polarizar a una izquierda que no ha logrado terminar de consolidarse, acabando a la vez con la credibilidad de muchas de las acciones que lograron con esfuerzo. Ahora piden perdón y expresan admiración a nuestros vecinos, pasando por encima de la prudencia que ha intentado mantener el gobierno. Pareciese que no entendieran que no toda la izquierda en América Latina es chavista y menos en un país como el nuestro tan alejado de las influencias soviéticas o cubanas. Que vaina perder tantos años de proceso por las ganas de sentir un par de petrodólares apoyando las campañas.
Pero de repente parece que la lucha que muchos defendieron, incluso con sus vidas, en pos de crear una izquierda civilista, empieza a esfumarse en medio de la situación política del continente. El Presidente del partido sale a decir que tienen cercanías ideológicas con el Presidente vecino, que ha demostrado una profunda facilidad por adaptar las políticas comunistas del siglo pasado a un discurso mezclado con un Bolívar que sólo entiende él. El problema es que nunca nos ha dicho cuales, ¡vaya casualidad!
Podrían ser las nacionalizaciones, o el cerramiento de medios opositores, o la economía planificada que empieza a definirse. Podría ser cualquiera de esas políticas que van en contra de toda nuestra vida republicana. A la larga cualquiera en contra de la mitad de la izquierda civilista que siempre buscamos. Pero no sabemos cuales, y la duda genera desconfianza.
Y aún más, la presencia de las sedes del Movimiento Bolivariano en la frontera, bajo el auspicio de integrantes del Polo, deja un manto de duda aún mayor. Nadie las puede prohibir, es cierto, pero tampoco son convenientes para una región en medio de un conflicto político en el que las posiciones ideológicas terminan enfrentándose y generando conflictos.
Lo que están logrando es polarizar a una izquierda que no ha logrado terminar de consolidarse, acabando a la vez con la credibilidad de muchas de las acciones que lograron con esfuerzo. Ahora piden perdón y expresan admiración a nuestros vecinos, pasando por encima de la prudencia que ha intentado mantener el gobierno. Pareciese que no entendieran que no toda la izquierda en América Latina es chavista y menos en un país como el nuestro tan alejado de las influencias soviéticas o cubanas. Que vaina perder tantos años de proceso por las ganas de sentir un par de petrodólares apoyando las campañas.
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