A veces es complicado entender a un país como el nuestro. Sobre todo porque parece que viviéramos en un mundo aparte del resto del mundo, lejanos de las realidades de nuestros vecinos, amigos o enemigos. A veces es simplemente como si en nuestro país el realismo mágico no se hubiese quedado en los libros, como si la historia tuviese que repetirse sin posibilidades de modificarla o como si el siglo XXI sólo fuera parte de los textos del colegio que todos tuvimos que leer.
La verdad, aunque no nos guste, es que nuestro presidente es igual a los presidentes de los países vecinos. Tiene los mismos arrebatos de cólera, la misma costumbre de pasar por encima de todas las instituciones y la misma falta de equipo de gobierno que se evidencia al otro lado de las fronteras. La diferencia radica en que la mayor parte de los colombianos nos sentimos identificados con el discurso de Uribe y además, que siempre hemos satanizado las ideas diferentes.
Debo hacer entonces una aclaración. Creo que el “socialismo del siglo XXI” que tanto pregonan en Ecuador y Venezuela va a terminar con las esperanzas de los creyentes de la izquierda, porque ha demostrado su poca eficiencia como sistema económico y político. Creo también que la centro derecha que representa Uribe seguirá siendo la tendencia ideológica de la mayor parte del pueblo colombiano. Sin embargo, el problema radica en que el gobierno se ha dejado seducir para caer en los tontos conflictos de sistemas que todos los días tienen menos futuro.
Y a la larga todos salimos perdiendo. Nadie gana en una rencilla personal entre mandatarios, sobre todo porque aunque suene tonto, para muchos colombianos Venezuela es Chávez y Ecuador es Correa. Y esas definiciones no hacen más que incentivar la violencia, aunque nuestros pueblos sigan siendo hermanos. El mejor ejemplo es el anti colombianismo despertado en Ecuador, que pensándolo bien, apenas es la radicalización de los términos peyorativos que tenemos nosotros para con nuestros vecinos.
Insisto. Es difícil entendernos. Sobre todo porque tenemos la convicción de que las similitudes ideológicas permiten que pasemos por alto las realidades prácticas. Es ese el pensamiento que permitió los desmanes de tantos pueblos que se consideraron superiores y con la razón absoluta. Y es por eso parece que nuestro país fuera ese pedazo del mundo en el que todo siempre parece permitido.
La verdad, aunque no nos guste, es que nuestro presidente es igual a los presidentes de los países vecinos. Tiene los mismos arrebatos de cólera, la misma costumbre de pasar por encima de todas las instituciones y la misma falta de equipo de gobierno que se evidencia al otro lado de las fronteras. La diferencia radica en que la mayor parte de los colombianos nos sentimos identificados con el discurso de Uribe y además, que siempre hemos satanizado las ideas diferentes.
Debo hacer entonces una aclaración. Creo que el “socialismo del siglo XXI” que tanto pregonan en Ecuador y Venezuela va a terminar con las esperanzas de los creyentes de la izquierda, porque ha demostrado su poca eficiencia como sistema económico y político. Creo también que la centro derecha que representa Uribe seguirá siendo la tendencia ideológica de la mayor parte del pueblo colombiano. Sin embargo, el problema radica en que el gobierno se ha dejado seducir para caer en los tontos conflictos de sistemas que todos los días tienen menos futuro.
Y a la larga todos salimos perdiendo. Nadie gana en una rencilla personal entre mandatarios, sobre todo porque aunque suene tonto, para muchos colombianos Venezuela es Chávez y Ecuador es Correa. Y esas definiciones no hacen más que incentivar la violencia, aunque nuestros pueblos sigan siendo hermanos. El mejor ejemplo es el anti colombianismo despertado en Ecuador, que pensándolo bien, apenas es la radicalización de los términos peyorativos que tenemos nosotros para con nuestros vecinos.
Insisto. Es difícil entendernos. Sobre todo porque tenemos la convicción de que las similitudes ideológicas permiten que pasemos por alto las realidades prácticas. Es ese el pensamiento que permitió los desmanes de tantos pueblos que se consideraron superiores y con la razón absoluta. Y es por eso parece que nuestro país fuera ese pedazo del mundo en el que todo siempre parece permitido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario