Con todo el respeto que me merecen como personas los candidatos a la Presidencia de la República, creo que como candidatos no hacen un caldo. Hay tantos pretendientes del puesto en la Casa de Nariño y a la vez tan pocas opciones, que sería más rentable hacer un bingo y entregar las llaves del Palacio como premio. Ni siquiera puede decirse que el casi candidato–presidente tenga algo que ofrecer, porque más allá del discurso de la seguridad democrática es poco lo que vale la pena mantener en un próximo gobierno.
Esta multiplicidad de candidatos no es más que una ilusión de democracia que se repite todos los días en los medios. Que quieren llegar a la Casa de Nariño a mantener las políticas de Uribe, que quiere llegar a la Casa de Nariño para hacer lo que Uribe no ha hecho, que no les importa lo que Uribe haya hecho aunque terminen haciendo la misma campaña que hizo él. A la larga lo que tenemos es un país tan personalizado en esas carnitas y esos huesitos, que hasta los mismos candidatos terminan todos enfrascados en una diatriba sobre Uribe y no sobre el país.
La situación se repite en los partidos políticos, en las vacaciones del Congreso y en los noticieros y diarios del país. Acá hoy importa más Uribe que el país que dice gobernar. Hoy las apuestas no son por Colombia, son por la política de seguridad democrática.
Y los partidos siguen sin entenderlo. Y los candidatos siguen estando ahí, lejanos, pretendiendo decir que representan a un pueblo que no conocen. No hay líderes dentro de los partidos, porque en este momento es más importante la maquinaria que las ideas; no hay ideas porque los medios no transmiten más que un par de palabras sueltas relacionadas con Uribe; no hay ideología porque en la práctica es mejor hacerse igual o hacerse diferente de lo que hay, aunque no haya nada de fondo.
A la larga no hay más que una simulación de debate electoral que disfraza una seria falta de ideas de país dentro de nuestra clase política. No es claro si los partidos tradicionales en verdad creen que pueden lograr al menos pasar a una segunda vuelta; no es claro si los partidos recientes van a lograr consolidar un poco más que su identidad con Uribe. Nos queda poco menos de un año de lo mismo, peleas sobre hipopótamos.
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