martes, 19 de mayo de 2009

UNA DENUNCIA MENOS

Esta vez fue en la sucursal de un banco ubicado en el barrio Toberín en Bogotá. Pero pudo haber sido al lado de su casa, o al lado de su oficina, o en medio de cualquier calle de cualquier ciudad del país. Usted saca de un banco los pesos que se ganó trabajando, aparecen unos cuantos tipos armados y lo dejan con las deudas y sin los pesos. Es una de esas historias que se repiten a diario, de esas que más de una vez terminan en un cementerio.

Esta vez el desenlace no fue tan trágico. Apenas quedaron el hueco en el bolsillo y una que otra culebra a la que no le importan los revólveres o los cuchillos o los bancos. Queda también el dolor de encontrarse con un grupo de asaltantes en la salida de un banco que extrañamente sólo preguntan por la plata que acabó de ser retirada en una ventanilla. Ese es el llamado “fleteo”. Ese que de seguro no generaría tantas víctimas si no tuviese algún tipo de complicidad dentro de las instituciones financieras.

Entonces se debería llegar al punto en el que se denuncia el suceso frente a las autoridades. Ese que incluye tres o cuatro horas en las que se busca explicarle a alguien que le quitaron la plata con un revólver que usted no conoce, que estaba tan asustado que no es capaz de identificar ni el color de la chaqueta de los asaltantes y que le parece extraño que no preguntaran por las tarjetas de crédito o el celular que acabó de comprar. Pero esta vez no hubo denuncia y por tanto nunca se llegó a las estadísticas del distrito.

La razón no es tan compleja. De seguro la policía no va a pagar las deudas que dejaron los pesos que ya no están, no va a convencer a los acreedores de brindar un placito porque no estaba cerca aunque hubiese un CAI a menos de dos cuadras del lugar y no puede hacer más que llenar un formato para que se pierda entre las estadísticas.

Esta vez no hubo denuncia, como muchas veces no las hay, porque a la larga el sistema favorece a los hampones. La víctima queda expuesta, pierde el tiempo que tiene que utilizar para recuperar lo perdido y sabe que su historia se queda en papeleos que terminan en un archivo. De repente esa es la idea, que sea tan engorroso poner las denuncias como para que nadie las ponga y al final las estadísticas no sean peores.

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