lunes, 20 de abril de 2009

VIRTUDES

La mayor virtud que tiene el actual presidente de la República es que la gente lo diferencia de sus antecesores. En la mentalidad de muchos colombianos están el Caguán de Pastrana y el Proceso 8000 de Samper que se repiten como películas sin fin en medio de un mandatario que está en todas partes, que no hace extrañar a alguien diferente, que siempre parece irremplazable. La gente siente que el Presidente llegó en el 2002, que antes sólo había un vacío de poder.

Quizá el problema que siempre se repite es que los colombianos no tenemos memoria y por lo general sólo nos quedamos con hechos que son ampliamente divulgados por los medios de comunicación. Pocos tienen en la cabeza el Plan de Gobierno de los periodos, los Ministros o las labores del presidente. Nos quedamos con el elefante blanco y el avión presidencial que poco estaba en el país.

La mayor parte de la culpa la tienen los respectivos partidos que estaban representados por los dos presidentes. El oportunismo ha llevado a negar hasta a las figuras dentro del partido en pos de beneficios electorales o coaliciones en busca de puestos burocráticos. De repente parece más conveniente apoyar a Arias que a Pastrana, a Rivera que a Samper.

Pero bueno. Supongamos que los presidentes fueron malos, que no hicieron nada y que cuando llegó Uribe el país se salvó. Entonces ¿debemos suponer que las políticas que los copartidarios de Pastrana o Samper apoyaron durante sus gobiernos son igualmente malas y por tanto los partidos deben asumir las responsabilidades?

Dejémonos de pendejadas. Los partidos están configurados para que nadie asuma nada. Para que si el dirigente de aquellos termina en la cárcel, el resto no tiene que responder; para que los responsables sean las cabezas que no caen y no sus seguidores; para que los comités de ética sean saludos a la bandera en un país que añora alguna posición razonable y coherente.

Pero además para que nadie les diga nada. Para que los electores no existan más que los días de elección. Entonces los expresidentes y los exministros y los exsenadores terminan siendo molestos cuando los que ocupan sus lugares ahora se quedan con festines burocráticos que siempre piden repartir. Lástima que las virtudes duren tan poco como un periodo de gobierno.

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