jueves, 30 de abril de 2009

TRISTE HISTORIA

Parece que a la larga este país es el resultado de una tragicomedia mal escrita. Los personajes no se saben sus papeles, los libretos son diferentes todos los días y los extras siempre están ahí aunque nadie los tenga en cuenta. Cada vez nos acercamos más a ser un novelón de los que transmiten a medio día en nuestros canales, de esos que son eternos y sólo dejan un gran vacío en el cerebro. Acá cambiamos el fondo de las historias para quedarnos con las luces de las cámaras.

Nuestros dramas se convierten en comedias y nuestros protagonistas al final son los malos de la historia. Cada tragedia tiene detrás un millón de dolientes que siempre terminan pagando porque la estrella que ellos eligieron se robó la plata, cada familia tiene una oveja negra que termina aprovechándose del poder para hundir a los demás y siempre hay algún monólogo de los políticos en el que nunca queda claro si el que habla es protagonista o antagonista. A la larga creo que es porque siempre tienen audiencia, aunque no digan nada nuevo.

Lo más grave parece ser que los señores que se encargan de revisar los libretos, que a la larga son los periodistas, se quedan en las migajas que dejan las mascotas de los actores o lo bonitos que iban vestidos en la calle. Ahora terminan enfrascados en unas discusiones absurdas y poco prácticas que no le ayudan al país o a los extras. El afán de protagonismo terminó apoderándose de todos.

Y ni hablar de los señores productores, los que se encargan de trazar los lineamientos. Encerrados en los hermosos edificios de la Plaza de Bolívar se encargan de organizar las escenas que nadie entiende nunca. Es como si únicamente pensaran en ellos y en problemas que no le dan ninguna fuerza a la historia. Completamente ajenos a lo que está pidiendo la audiencia, encerrados en historias propias, como actores de programas diferentes.

Pero más allá de que parezca que estamos en la mitad de la tragicomedia, el problema es que no se ve un final feliz de esos que siempre se esperan. Parecen no haber salidas a los problemas, soluciones a las necesidades o al menos el entretenimiento que se necesita en medio de un descanso. Parece que estuviésemos solos, que no necesitáramos algo de sensatez de los que se supone que la tienen. Es triste, pero podría decirse que estamos en una de las peores partes de la historia.

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