A veces pienso que en este país ya no pasa nada que nos sorprenda. Todos los días hablamos de muertos como si fueran números, los políticos viven en medio de escándalos que nadie recuerda 15 días después y las carreteras se rompen como si estuviesen hechas de azúcar ante la mirada atónita de las autoridades que siempre se preguntan el porqué de los desastres. Sin embargo nuestra clase política a veces es condescendiente y me recuerda que no todo está perdido. O mejor, que siempre hay un algo que puede ser peor que todo lo que ha ocurrido antes.
Esta semana todo gira en torno al Personero de Bogotá. No precisamente por sus reuniones con Murcia o por los extraños contratos que empiezan a salir a la luz pública. Ni siquiera por la tonta excusa de la persecución por ser indígena que ya adujo en una de sus inoportunas intervenciones. Es más bien por la falta de creatividad del resto de políticos, de sus copartidarios y opositores, que no hicieron más que cambiar de bando.
Ahora resulta que debe primar la presunción de inocencia y que las grabaciones no son prueba alguna de la culpabilidad de alguien aunque mencionen su dirección y teléfono. También de repente es prioritario que el señor implicado salga de su cargo y que respondan políticamente aquellos que lo apoyaron para llegar al puesto. Mejor dicho, podríamos estar hablando del señor de INVIAS, del personero o de los Ministros relacionados con Yidis. Todos han dicho lo mismo, se escudan en lo mismo y responden de la misma forma.
Quizá las circunstancias no son iguales, pero es claro que la oposición terminó repitiendo el discurso que tanto critican cuando está en boca de alguien del gobierno. Quizá no hablamos de casos equiparables, pero es claro que el gobierno utiliza las mismas estrategias que considera sin fundamento cuando provienen de la oposición.
Vale rescatar que al menos hay opiniones dentro del Polo que le han pedido al Personero que se retire mientras la investigación está en curso, pero es claro que está atornillado y que no quiere dejar el puesto. Sin embargo no deja de ser extraño que habiendo ya existido una querella en su contra cuando estaba en el Congreso, le hayan apoyado para llegar al cargo. De repente es que al final gobierno y oposición no son más que lo mismo, y que sólo se diferencian por un par de palabras que siempre olvidan al final.
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