jueves, 26 de marzo de 2009

JUSTICIA Y DELITO

Supongamos que sí, que las personas inocentes tienen todo el derecho para defenderse de un monstruo abominable, lento e ineficiente que llaman Estado. Que el sistema judicial debe estar encaminado a defender a los ciudadanos, que todos somos inocentes hasta que se demuestra lo contrario, que no se puede permitir que un sistema judicial acabe con la vida de las personas. Sin embargo parece que todo funciona al revés, miles de inocentes siguen en las cárceles mientras algunos, con conocimientos básicos de derecho, pueden darse el lujo de decir que pagaron las deudas con el Estado mientras disfrutan de jugosos dividendos obtenidos por diferentes delitos.

Mejor dicho, no hay sino que montar una pirámide. Así se roba a la gente, se aduce que todo lo que captó lo devolvió y se paga una multa de algunos milloncitos. Después de pagar un par de años de cárcel en condiciones cómodas que se logran con una pequeña cuota, se sale libre, y se puede vivir el resto de la vida con una cantidad de plata que ningún mortal que trabaja de 8 a 5 puede alcanzar en un par de generaciones.

O se vuelve usted guerrillero o paramilitar, comete un par de atrocidades propias de eso que no llamamos conflicto, se desmoviliza y clama por el perdón popular, de forma que de repente termina usted como gestor de paz o como héroe si por casualidad logra que algún otro le siga la cuerda.

O cualquier otro ejemplo que de seguro usted conoce, que demuestra que el sistema hace que el delito pague, que las penas sean irrisorias y que no haya diferencia entre hacer lo que llamamos bien o lo que llamamos mal. Incluso podría decirse que para un país en el que las oportunidades para muchas personas aún no abundan, el delito paga, y mucho mejor que un salario que pocas veces es estable, si es que se consigue.

Pero es evidente que no es culpa de los jueces. Ni siquiera de los parlamentarios que con toda la buena intención terminan haciendo una colcha de retazos como sistema penal. Quizá la razón de todo es que nos quedamos sólo en eso de los derechos, de la libertad exagerada, de la falta de juicio. Pero sigamos pensando en el peluquero del Presidente. Eso es suficiente mientras algún otro ampón sale libre por vencimiento de términos.

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