viernes, 6 de febrero de 2009

QUIZÁ

Quizá el problema de la clase política de nuestro país es que no tiene idea de los discursos que deberían utilizar. Todos han buscado mantener un discurso polarizador que no termina beneficiando a ninguno de los bandos, ni a los personajes, ni al país. Han ocasionado un espacio perdido entre las posiciones ideológicas que por fuera de los partidos políticos han terminado por eliminar los grises, las opciones, las ideas.

No se da únicamente con la presidencia, sino que se replica en las gobernaciones, alcaldías y cuerpos colegiados. Todo lo hecho parece malo y todo lo que no se hizo habría funcionado a la perfección. Los culpables siempre terminan siendo los otros y nunca se asumen las responsabilidades porque las opciones son únicas y por lo general improvisadas.

El problema de la polarización es que por lo general es fruto de respuestas momentáneas que no miden las consecuencias generadas por la influencia de los líderes del país. Llegamos a dejar de reconocer las cosas buenas en la política, para terminar atacando a las personas, proponiendo acciones más allá de la esfera de lo público.

Estas situaciones han generado dos problemas fundamentales dentro de la extraña realidad de nuestro país. Por un lado generan nuevas formas de violencia que se puede observar en los odios y amores que despiertan algunos personajes, que por fortuna no han mostrado más que pequeñas trifulcas esporádicas; y por el otro, una falta creciente de liderazgo dentro de las partes, ocasionada por las consecuencias inconscientes de la personificación de las posiciones.

Son los líderes los que han buscado esas posiciones extremas dentro de los imaginarios de los colombianos. Son esas posiciones las que han generado la sensación de inconsistencia de sus políticas, de sus acciones y de sus discursos. Son esas ideas recalentadas del espectro ideológico que termina tomando posiciones cerradas y fuera de las realidades de un país que clama por soluciones a problemas que no han dejado de extenderse nunca, pero que todos niegan y pretenden esconder a pesar de cuarenta y tantos millones de habitantes.

Simplemente parece que prefieren con sus discursos seguir sosteniendo una visión estática del país que ha avanzado a pesar de ellos, que quieren dejar que la vida pase y que en algunos años nadie los recuerde. Sólo queda decir que no deja de ser un triste quizá.

No hay comentarios: