viernes, 6 de febrero de 2009

INCOMPRENDIDOS

De repente los colombianos somos simplemente incomprendidos. Cualquier habitante del mundo podría decir que no es lógico que la persona que más ha buscado la libertad de los secuestrados en el país sea calificada como apátrida, o que la dirección de un festival de teatro sea un acontecimiento más trágico que las obras que presenta, o que aquellos que roban miles de millones de pesos paguen menos penas que los ladronzuelos que se hacen de un teléfono celular en la calle. Para nosotros parece normal y el problema siempre es del mundo que nos juzga sin conocimiento de causa.

Quizá es igual que en el fútbol. Nos robaron el penalti, pero nosotros jugamos como nunca y perdemos como siempre. No nos asombramos por la desaparición de la partida presupuestal para un departamento, pero organizamos manifestaciones que terminan con violencia una jugada que el juez dejó de pitar en un partido de medio pelo. Somos básicos. Tan básicos que preferimos un patrón de finca antes que un maestro de escuela.

Insisto, el problema es que somos incomprendidos. Aún no logramos explicar que nuestro sistema penal cada vez se parece más a la Biblioteca de Babel de Borges, que las calles y los cargos públicos parecen envueltos en el manto macondiano de la desidia de Remedios la Bella, que nuestro conflicto debería terminar como el Barril de Amontillado de Poe. Nos piden y nos pedimos siempre ser iguales al resto del mundo, pero siempre nos quedamos en el principio del libro.

El mundo sigue mientras nosotros mantenemos la tonta idea del país perfecto en el que sólo nuestras ideas deben prevalecer. Donde el fin siempre justifica los medios, donde los medios se convierten en fines y los fines desaparecen según las necesidades electorales. A veces simplemente parecemos actores remedando historias de otros porque nunca hemos logrado encontrar la nuestra.

La verdad es que nuestra historia existe pero nos avergonzamos de ella. No buscamos soluciones a los problemas sino paños de agua tibia para mitigarlos, nos quedamos con palabras simples para resumir problemas estructurales, hablamos de pasión cuando olvidamos lo que significa. Es imposible encontrar las respuestas cuando no tenemos claras las preguntas, o al menos la intención de preguntárnoslas. Tal vez es hora de conocernos y de aceptarnos, pero para eso se necesita algo más que la realidad que aparece en los noticieros de las siete.

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