Hoy no es un día para quedarnos repitiendo que no tenemos alcalde y que Bogotá está en medio de un retroceso que ocupará tristes páginas en la historia de la ciudad. Es mejor un día para pensar en las elecciones que nos han traído hasta acá, hasta el momento de no tener certeza sobre el futuro de una urbe que exige y reclama atención, hasta suspirar por tiempos pasados aunque tampoco fueran buenos. La votación fue al final un castigo político, por manejos equivocados de la campaña, por la soberbia que nunca dejó de aparecer ante el público.
¿Qué estarán pensando las personas que votaron en contra de Peñalosa y no a favor de Moreno, hoy que la ciudad parece perder el impulso que tanto queríamos y del que nos sentíamos orgullosos? ¿Qué pensarán los partidarios del Polo cuando ven los pobres resultados de la administración de Bogotá cuando es su principal fortín político?, o mejor, ¿Vale más la disciplina del partido que el futuro de 8 millones de bogotanos cuando no había certeza de las calidades de Samuel para administrar la ciudad?
Hoy sólo queda esperar que al menos llegue el tan anhelado metro aunque no termine por solucionar los problemas serios de movilidad del caos capitalino; que la inclusión social no se quede en manos de empresas allegadas a la administración como parece estar sucediendo; que la burocracia no termine por apoderarse de los pocos centavos que perciben los ciudadanos y que provienen del distrito.
Ya no es hora de lamentar resultados, es más bien el momento de iniciar reflexiones. La política que terminó reinando en las elecciones anteriores estuvo fundamentada en una pobre presentación de ideas por parte de los principales candidatos, en votos fundamentados en contradicciones con los otros y no en proyectos políticos serios, en discusiones frívolas que terminaron diferenciando pero no aportando a los votantes de cada uno de los candidatos.
Hoy parece necesario prender veladoras para esperar que los desatinos de la administración actual no se extiendan hasta el final del periodo, buscando sólo subsanar los errores colocando la primera piedra del metro. Es también necesario hacer un examen de conciencia para evitar que los bogotanos que nos hemos caracterizado por tratar de estar alejados de la política tradicional, no volvamos a caer en la simple discusión entre partidos o nos quedemos en los figurines por encima de los programas. Ya se nos escaparon un par de años. Tratemos de no repetir los remordimientos de conciencia.
¿Qué estarán pensando las personas que votaron en contra de Peñalosa y no a favor de Moreno, hoy que la ciudad parece perder el impulso que tanto queríamos y del que nos sentíamos orgullosos? ¿Qué pensarán los partidarios del Polo cuando ven los pobres resultados de la administración de Bogotá cuando es su principal fortín político?, o mejor, ¿Vale más la disciplina del partido que el futuro de 8 millones de bogotanos cuando no había certeza de las calidades de Samuel para administrar la ciudad?
Hoy sólo queda esperar que al menos llegue el tan anhelado metro aunque no termine por solucionar los problemas serios de movilidad del caos capitalino; que la inclusión social no se quede en manos de empresas allegadas a la administración como parece estar sucediendo; que la burocracia no termine por apoderarse de los pocos centavos que perciben los ciudadanos y que provienen del distrito.
Ya no es hora de lamentar resultados, es más bien el momento de iniciar reflexiones. La política que terminó reinando en las elecciones anteriores estuvo fundamentada en una pobre presentación de ideas por parte de los principales candidatos, en votos fundamentados en contradicciones con los otros y no en proyectos políticos serios, en discusiones frívolas que terminaron diferenciando pero no aportando a los votantes de cada uno de los candidatos.
Hoy parece necesario prender veladoras para esperar que los desatinos de la administración actual no se extiendan hasta el final del periodo, buscando sólo subsanar los errores colocando la primera piedra del metro. Es también necesario hacer un examen de conciencia para evitar que los bogotanos que nos hemos caracterizado por tratar de estar alejados de la política tradicional, no volvamos a caer en la simple discusión entre partidos o nos quedemos en los figurines por encima de los programas. Ya se nos escaparon un par de años. Tratemos de no repetir los remordimientos de conciencia.
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