viernes, 8 de agosto de 2008

LLORAR SOBRE MOJADO

Los balances electorales son complicados cuando apenas van algunos meses desde la posesión y los resultados son poco evidentes. Es obvio que las acciones no pueden medirse en periodos tan cortos, pero los ciudadanos empiezan a preguntarse sobre la gestión que decidieron respaldar en las urnas. Bogotá es uno de esos casos en los que el burgomaestre deja muchas más dudas que esperanzas, aunque en esta oportunidad no sea el sujeto de este espacio. Hoy el problema radica en algunos electores que decidieron apoyarlo y que menos de un año después de elegirlo, está pidiendo aquello que él se comprometió a no hacer nunca.

La anterior campaña electoral para la ciudad giró en torno al sistema masivo de transporte que proyectaba el futuro de la movilidad en la capital, siendo puesta en términos de buses rojos y vagones. No importaron otras ideas, no fueron relevantes alcances que pudiesen lograrse con otro tipo de medidas. Se eligió entre un gerente de metro y un gerente de Transmilenio. Los bogotanos se inclinaron por los vagones, tomaron la decisión de apostarle al sistema metro a pesar de las tardanzas y los costos que podrían venir acompañándolo. Fue una decisión mayoritaria, válida en nuestro sistema político.

El asunto viene ahora con el pedido de los habitantes de la carrera séptima que demandan angustiosamente a la administración la puesta en marcha del sistema de buses rojos en tan renombrada avenida de la capital. En 10 meses cambiaron un odio extremo por el sistema de buses, asegurando sería el mayor error que pudiese realizarse en Bogotá, por súplicas para retomar la iniciativa de completar la troncal décima-séptima que ya estaba propuesta y ad portas de ser firmada. El alcalde anterior dio el espaldarazo para la nueva administración al no asegurar el proceso y hoy los vecinos se duelen de la otrora anhelada situación.

Cualquiera puede decir con razón que fue el cobro político al candidato perdedor por sus actuaciones anteriores, mientras la democracia dio vía libre a un candidato dejando a un lado la planeación de la ciudad y hoy eso se traduce en ruegos vanos que quedarán en cartas sin respuesta. Las partidas presupuestarias ya están comprometidas por varios años, así que es imposible retomar el camino anterior. Primero está el tren de cercanías que la descongestión de la antigua Calle Real. La ciudad después de 8 meses de iniciado el nuevo periodo sigue esperando la posesión del alcalde que eligió. Son las reglas de la democracia, pero no salgamos ahora con los ojos llenos de lágrimas a pedir algo que decidimos dejar a un lado por llanas propuestas de campaña.

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