lunes, 14 de julio de 2008

VICTIMAS Y EXTREMOS

Luego de la tempestad nos quedamos con el show mediático que hábilmente se ha creado en torno a nuestra recién liberada. La imagen internacional que se creó gracias a los oficios de los gobiernos que intervinieron, la doble nacionalidad y el espectáculo de la operación de rescate van ya en la postulación al Nobel de Paz de Ingrid. La misma que apareciese demacrada en las fotos y que despertase lástima por su condición y su calidad de secuestrada. La situación hoy podría llevarnos a pensar que premiamos más a las víctimas que a los líderes.


Sin prejuicio de las horribles condiciones del secuestro, los años que estuvo alejada de su familia o los discursos familiares que pregonaban su situación, es necesario recordar que Ingrid antes del secuestro era una candidata presidencial sin posibilidades de llegar a la Casa de Nariño, no obstante después del cautiverio parece una de las más queridas y respetadas políticas en la esfera nacional. Es un problema de percepción que algunos pueden describir como circunstancial, pero hay evidencias que nos indican lo contrario.

Nuestro Presidente tuvo el infortunio de vivir en carne propia el accionar de las guerrillas, lo mismo que nuestro expresidente y que nuestro canciller. También Piedad Córdoba que recuerda el cautiverio perpetuado por las Autodefensas, el exilio de algunos líderes de izquierda o hasta el encarcelamiento que sufrió nuestro vecino cuando el intento de golpe que no logró acabar con el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Aquellas situaciones aparecen en discursos sueltos, pero siempre apoyan en ellos la razón de sus decisiones. El electorado posiblemente reacciona porque los siente más cercanos al saber que se han enfrentado a una situación extrema que puede identificarlos con ellos. Aprovechan la coyuntura y se lanzan al juicio popular.


No significa esto que no hayan realizado luego labores plausibles o significativas en el desarrollo de los cargos logrados, pero se escudan en la victimización para lograr votos, manipulando a los electores. Podría ser una manipulación mediática, pero termina ocultando la labor de muchos que permanecen por fuera del conflicto y que pueden haber realizado mejores acciones.


Nos gustan las víctimas y es algo que debemos aceptar. Así como se escucha popularmente que no hay muerto malo o hijo bobo, tenemos una inclinación por premiar el dolor de los demás antes que sus logros. Es una costumbre que nos envuelve y que tristemente termina por legitimar las posiciones extremas que alimentan el conflicto en el que vivimos.

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