jueves, 31 de julio de 2008

OFICIALISMOS Y OPOSICIONES

El país está inmerso en un tremendo dilema ocasionado por los enfrentamientos entre el oficialismo y la oposición. Pero no sólo de los uribistas y los antiuribistas que inundan hoy las calles, sino del oficialismo que se ha mantenido a lo largo de la historia y la oposición que ha guardado el mismo comportamiento. Los que están en el poder se ocupan diciendo que nada de lo que dice la oposición es bueno para el país, mientras que los que están en oposición siempre están peleando contra cualquier cosa que provenga de la institucionalidad. Es el juego de siempre, estamos acostumbrados a escuchar que hay negros o blancos, nada mas.

Es el problema de los desmovilizados, de los guerrilleros, de los pobres y de los ricos. Las posiciones extremas llevan a establecer juicios de valor que terminan satanizando tanto a los de un lado como a los otros. Que son más malos los paras, o que los guerrilleros, o que los ricos, o que los pobres. O termina cada lado diciendo que el otro dijo que había dicho. Nos mantenemos en el borde de la ignorancia que surge por la negación de las similitudes, tratando siempre de evitar parecernos a nuestro opositor.

Así sucede con los desmovilizados que no pueden ser procesados porque las voces se alzan contra las soluciones que podrían agilizar el proceso. Pero si estuvieren en armas estarían criticando la necesidad de hallar salidas para que se reintegren a la vida civil. Con los guerrilleros que a pesar de la pérdida de ideales, mantienen algunas demandas sociales. Con los pobres que pierden el poder adquisitivo de sus sueldos, pero que tienen que aguantarse porque la economía está funcionando. Con los ricos porque tienen demasiadas extensiones tributarias, pero terminan generando empleo.

La oposición y el gobierno han sido en nuestro país suficientemente cerrados como para no permitir que las cosas puedan mejorarse en conjunto. La institucionalidad nunca ha permitido que su contraparte aporte con sus ideas y la contraparte se encarga de desvirtuar todo lo que hace el gobierno para terminar diciendo que las cosas son culpa de los otros.

El problema grave de la actitud de cada parte es que terminan impulsando a numerosos seguidores a mantener la misma línea, enfrentándose sin argumentos en todos los foros y pasillos con odios viscerales por causas que ni justicia tienen involucradas. Allí es donde debe iniciar la solución a los conflictos que tenemos, no sólo dejando las armas en las montañas, sino cuidando las palabras que pueden herir más que las balas.

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