Las consecuencias funestas de un secuestro pueden terminar con la forma de vida de aquellos que permanecen en cautiverio, de sus familiares y de sus amigos. Pueden cambiar a las personas, llevarlas a tomar decisiones extrañas o a modificar todo aquellos que añoraban estando alejados de los suyos. Las familias también cambian en el proceso de búsqueda, los hijos crecen sin la figura del padre o las esposas solas pueden decidir iniciar una nueva relación bajo la incertidumbre de lo que sucedió a sus otrora compañeros. Todo es posible luego de un secuestro, pero hace parte de la vida de los liberados y no incumbe más que a ellos y a sus allegados.
El espectáculo mediático de la separación del Jorge Eduardo Géchem es tal vez la mayor falta de respeto que se haya hecho pública a través de los medios de comunicación en el último año. Porque no está en juego la noticia en caliente como en el caso de la toma de rehenes en el edificio de Porvenir, ni hay peligro de vida para ningún ciudadano. El asunto lleva a que una pareja decidió terminar una relación y los noticieros de televisión, la radio y la prensa se encargaron de exponer en público los sentimientos familiares de un grupo de personas que logró dejar de sufrir luego de la anhelada liberación.
Justificarán los medios diciendo que lo que querían era mostrar las consecuencias de tan atroz delito o las desventuras de la distancia sin conocer la suerte del otro. Pero para lograrlo es más que suficiente la publicación de las pruebas de supervivencia, que también deberían importar sólo a los familiares, o los discursos sentidos de las familias que ruegan por el pronto regreso de sus seres queridos. Los ejemplos de la brutalidad del secuestro son tantos que no es necesario aprovecharse de las circunstancias luego del reencuentro.
Informar no significa explotar las tristezas de las personas. No es noticia nacional que una mujer esté sufriendo porque su marido decidió dar por terminada la relación y menos que con ella inicien los noticieros o aparezcan como titulares en la prensa. Parece que noticia fuera todo aquello que genera morbo, mientras los periodistas se defienden argumentando que la libertad de prensa debe estar por encima de todo, aunque en el momento en el que deben mostrar la altura de sus actuaciones se enredan en la búsqueda de rating. Debería ser público el rechazo a los medios que tanto se ofenden cuando se les critica, pero poco hacen para no seguir actuando en función de la publicidad.
El espectáculo mediático de la separación del Jorge Eduardo Géchem es tal vez la mayor falta de respeto que se haya hecho pública a través de los medios de comunicación en el último año. Porque no está en juego la noticia en caliente como en el caso de la toma de rehenes en el edificio de Porvenir, ni hay peligro de vida para ningún ciudadano. El asunto lleva a que una pareja decidió terminar una relación y los noticieros de televisión, la radio y la prensa se encargaron de exponer en público los sentimientos familiares de un grupo de personas que logró dejar de sufrir luego de la anhelada liberación.
Justificarán los medios diciendo que lo que querían era mostrar las consecuencias de tan atroz delito o las desventuras de la distancia sin conocer la suerte del otro. Pero para lograrlo es más que suficiente la publicación de las pruebas de supervivencia, que también deberían importar sólo a los familiares, o los discursos sentidos de las familias que ruegan por el pronto regreso de sus seres queridos. Los ejemplos de la brutalidad del secuestro son tantos que no es necesario aprovecharse de las circunstancias luego del reencuentro.
Informar no significa explotar las tristezas de las personas. No es noticia nacional que una mujer esté sufriendo porque su marido decidió dar por terminada la relación y menos que con ella inicien los noticieros o aparezcan como titulares en la prensa. Parece que noticia fuera todo aquello que genera morbo, mientras los periodistas se defienden argumentando que la libertad de prensa debe estar por encima de todo, aunque en el momento en el que deben mostrar la altura de sus actuaciones se enredan en la búsqueda de rating. Debería ser público el rechazo a los medios que tanto se ofenden cuando se les critica, pero poco hacen para no seguir actuando en función de la publicidad.
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