jueves, 12 de junio de 2008

¿QUÉ LE PASA AL LIBERALISMO?

Es perfectamente comprensible que una colectividad no esté de acuerdo con la reelección del Presidente Uribe. Es posible que pueda decirse que la reelección puede ser uno de los más graves atentados a la institucionalidad de un país que andando a medias por los problemas que lo agobian, mantiene algo de su coherencia institucional. El tercer periodo es un problema muy grave para muchos partidos que ven en Uribe III el final de su aspiración por ocupar la Casa de Nariño. Una cosa es eso y otra muy distinta es tener tan corta la visión como para proponer la candidatura de otro expresidente que pocos defienden, y eso que estamos en un país con memoria de corto plazo.

Es increíble que el Partido Liberal, otrora señor del Congreso y ocupante continuo del primer cargo en importancia de Colombia, esté pensando en candidatizar al Expresidente Gaviria. Es increíble que sean los mismos parlamentarios los que aboguen por repetirlo en el cargo, en lugar de buscar una renovación, que debería ser intrínseca al ideario del partido. Acá no importa cómo se llegue a la Plaza de Bolívar, lo que importa es tratar de quitarle el puesto al dueño del Ubérrimo.

Si bien es claro que la solidez programática de los liberales se ha mantenido desdibujada desde hace varios años, es suficiente con un presidente de partido que representa precisamente lo opuesto a los estatutos, como para terminar lanzándolo como candidato presidencial. No es más que la evidencia de un cuerpo parlamentario falto de visión de partido, y que piensa más en votos que en una institución que salga airosa de una crisis como la que tiene nuestro país en este momento.

Los votos de César Gaviria no son necesariamente más que los de Rafael Pardo, o Alfonso Gómez Méndez, por decir sólo los que ya están en precampaña. Incluso es posible que tengan mejor imagen que el expresidente, y son parte de una renovación que el partido necesita y que quedó en evidencia luego de la consulta para las elecciones anteriores. Las posibles alianzas se darán al calor de la posible repartición burocrática, pero las ideas del neoliberalismo que representa el presidente liberal, podrían ser poco apoyadas por un Polo que pretende crear una solidez en el país, contraria a la política reinante desde el gobierno de la apertura económica.
Es pronto para vaticinar el resultado de las elecciones del 2010, pero para el partido rojo empezar con el pie izquierdo, puede terminar siendo el final del sueño de volver a la Casa de Nariño.

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