La Comisión de Notables existe no desde que fueron nombrados sus miembros, sino desde el momento en el que el gobierno decidió hundir la iniciativa parlamentaria que hasta entonces se suponía era apoyada por ellos mismos. El respaldo que se había anunciado fue súbitamente retirado y de cara al país se defendieron las curules que quedaban en vilo con el argumento de la gobernabilidad que no quería dejarse en manos de la oposición. Defendieron el delito antes que la institucionalidad, lo hicieron de frente, con el Ministro tomando la vocería por una coalición que cada vez se ve más quebrada.
Y está quebrada porque Cambio Radical decidió apoyar el proyecto, con Vargas Lleras renunciando a su curul para tratar de quitarse el remordimiento de conciencia y porque quiere la Casa de Nariño desde el 2010. Se quebró porque el Partido Conservador ya dijo que quiere un candidato propio, aunque de seguro terminará vendiendo sus ilusiones por un par de ministerios cuando en el asador los candidatos tengan que medir sus fuerzas. Se quebró porque el Presidente sigue campante con su silencio sobre la reelección en medio de las voces que desde su círculo más cercano se hacen para que evite perpetuarse en el poder.
Y en medio de ese panorama, la Comisión de Notables que se podría llamarse simplemente comisión, ahora dedicará sus enormes esfuerzos a hallar una solución que no acabe con la gobernabilidad, que reduzca las posibilidades de la infiltración en la política de los grupos al margen de la ley, y que aúne voces varias para que finja que apareció sólo por el capricho de José Obdulio. Buscará una legitimidad que el gobierno le quitó a través de las limitaciones que tumbaron la silla vacía, dejándola más atada que el Congreso mismo. Se cayó la Reforma Política, y la comisión se caerá por su propio peso. O no serán tenidas en cuenta sus propuestas, que en la práctica es casi lo mismo.
Ni siquiera puede decirse que la independencia o alta jerarquía de sus miembros pasen la prueba individualmente. No hay opositores, la academia está poco representada y políticamente pareciese más una serie de favores políticos que la solución a todos los tormentosos problemas que vive la política en Colombia. Se terminó creando un grupo de figurines para que la oposición se encargue de enfrentarse a todas sus posibles propuestas y entonces llegue el ejecutivo a argumentar que no se pudo hacer nada por la indolencia de aquellos enemigos de la democracia. Será una hecatombe para la política y el principio de una nueva campaña.
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