Si los colombianos estamos preocupados por las nuevas declaraciones de nuestro vecino bolivariano, más deberíamos estarlo por haber pensado que los problemas estaban solucionados luego de los besos y abrazos de la reunión en Santo Domingo. Parece que nos domina la información que en gran medida absorbemos sin analizar, aquella que escuchamos en los pasillos, o que suena en el televisor que apenas oímos.
Pero más allá de los problemas de desinformación que dominan a los ciudadanos, el problema que tenemos al frente está cerca de la “hecatombe” que tanto se mencionaba por cuenta de nuestro presidente. Tenemos un Presidente vecino, que hace rato dejó de ser nuestro amigo o hermano, que esgrime argumentos exagerados para asegurar que Venezuela debe prepararse para disparar a Colombia y que la permanencia de Uribe en el poder será la razón de una guerra en América Latina.
Las relaciones comerciales pareciesen blindadas frente a un congelamiento de las relaciones, aunque las preocupaciones de las zonas de la frontera son ciertas y merecen atención; los asuntos fronterizos podrían mantenerse a distancia, tal como lo han demostrado los últimos meses en la Argentina, representante del gobierno ecuatoriano; y a la larga las relaciones diplomáticas no han sido tan armoniosas como para decir que se pierde una relación entrañable.
EL problema es absolutamente político, y depende de las personas involucradas, que para los efectos del asunto son los presidentes. Por tanto empezamos perdiendo. Si dejamos las cartas en manos de los cancilleres, podríamos decir que no hay interlocutor, de parte y parte. Los Ministros de Gobierno son tan disímiles que podrían acumular horas de enfrentamientos, si es que hablaran. Estamos en un callejón sin salida, con pocas opciones para lograr soluciones. Lo más grave es que la situación con nuestros vecinos del Sur no presenta demasiadas diferencias.
Podríamos decir que necesitamos unidad nacional para enfrentar una crisis que se ve a la vuelta de la esquina, pero los problemas entre los partidos nos alejan de tal solución salomónica y eso sin tener en cuenta las diferencias sobre las cuestiones del intercambio humanitario que incluyen a nuestros otrora buenos vecinos. La mejor opción sería dejar la papa caliente de los computadores en manos de un organismo internacional en lo que se refiere a las relaciones con los vecinos, mientras la Fiscalía encara las investigaciones internas. Eso no soluciona los problemas, pero al menos los apacigua un rato y por lo general eso es suficiente en nuestro país.
Pero más allá de los problemas de desinformación que dominan a los ciudadanos, el problema que tenemos al frente está cerca de la “hecatombe” que tanto se mencionaba por cuenta de nuestro presidente. Tenemos un Presidente vecino, que hace rato dejó de ser nuestro amigo o hermano, que esgrime argumentos exagerados para asegurar que Venezuela debe prepararse para disparar a Colombia y que la permanencia de Uribe en el poder será la razón de una guerra en América Latina.
Las relaciones comerciales pareciesen blindadas frente a un congelamiento de las relaciones, aunque las preocupaciones de las zonas de la frontera son ciertas y merecen atención; los asuntos fronterizos podrían mantenerse a distancia, tal como lo han demostrado los últimos meses en la Argentina, representante del gobierno ecuatoriano; y a la larga las relaciones diplomáticas no han sido tan armoniosas como para decir que se pierde una relación entrañable.
EL problema es absolutamente político, y depende de las personas involucradas, que para los efectos del asunto son los presidentes. Por tanto empezamos perdiendo. Si dejamos las cartas en manos de los cancilleres, podríamos decir que no hay interlocutor, de parte y parte. Los Ministros de Gobierno son tan disímiles que podrían acumular horas de enfrentamientos, si es que hablaran. Estamos en un callejón sin salida, con pocas opciones para lograr soluciones. Lo más grave es que la situación con nuestros vecinos del Sur no presenta demasiadas diferencias.
Podríamos decir que necesitamos unidad nacional para enfrentar una crisis que se ve a la vuelta de la esquina, pero los problemas entre los partidos nos alejan de tal solución salomónica y eso sin tener en cuenta las diferencias sobre las cuestiones del intercambio humanitario que incluyen a nuestros otrora buenos vecinos. La mejor opción sería dejar la papa caliente de los computadores en manos de un organismo internacional en lo que se refiere a las relaciones con los vecinos, mientras la Fiscalía encara las investigaciones internas. Eso no soluciona los problemas, pero al menos los apacigua un rato y por lo general eso es suficiente en nuestro país.
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